El sacrificio del ciervo sagrado (The Killing of Sacred Deer)
Por José Luis Ortega Torres.
I.
De entre los autores fílmicos contemporáneos más sorpresivamente solventes, Yorgos Lanthimos (Atenas, 1973) sobresale por derecho propio gracias a una visión autoral única y plena de arte fílmico que no escamotea en elegancia y precisión técnica de su puesta en escena, pero mejor aún, se sitúa dos pasos adelante en la conceptualización del drama que desarrolla desde la escritura de sus guiones, presentado historias complejas y de trascendencia filosófica donde el ser humano –su conciencia y trascendencia– es la premisa.
Director de teatro helénico clásico y contemporáneo, Lanthimos conoce y domina los resortes de la tragedia y del drama y los usa en sus historias creando modernas piezas humanistas, donde la profundidad del mensaje no está peleada con la fácil percepción del público. El cineasta griego ha logrado dar a su cine el equilibrio entre autoría, el arte-ensayo y la trascendencia sin estar peleado con el gusto comercial, sobre todo a partir de su internacionalización y el acceso a producciones anglosajonas y con actores de mayor peso en las taquillas internacionales: Colin Farrell, Rachel Weisz, John C. Reilly y Léa Seydoux en la anterior La langosta (The Lobster, 2015) y el propio Farrell en pareja con Nicole Kidman en El sacrificio del ciervo sagrado.
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| Lanthimos, mejor guión en Cannes 2017. |
II.
Estrenada en el Festival de Cannes del 2017 –donde se alzó con el premio a mejor guión–, el sexto largometraje de Lanthimos nos presenta al matrimonio conformado por el exitoso cardiólogo Steven Murphy y su bella y elegante esposa, la oftalmóloga Ana Murphy, padres de la adolescente Kim y el más pequeño Bob. Steven sostiene una extraña relación amistosa con el también adolescente Martin, un joven taciturno, raro y zalamero hasta lo desagradable, que se desvive por agradar al médico, quien a su vez demuestra un interés que no queda del todo claro y se antoja ambiguo durante el primer tercio del filme.
Esta amistad es desconocida por Ana, su esposa automatizada que responde a un matrimonio mecanizado donde hasta el sexo es fríamente calculado y las obligaciones de los hijos específicamente dictadas. Cada uno cumple un rol modélico en ese micro retrato de sociedad perfecta que busca no salirse de los estándares del establishment para cumplir a cabalidad con lo correcto y exquisito, tanto al interior como al exterior de su gélida casa.
Martin irrumpirá brutal y devastadoramente dentro de ese páramo de perfección, no obstante los cuidados de Steven por mantenerlo a cierta distancia, para demostrar la vulnerabilidad de una vida plástica sostenida de una mentira, exigiendo a cambio la indemnización a los errores que destruyeron a su familia, a partir de la vieja, pero efectiva, Ley del Talión: Steven, alcoholizado, cometió un error en la cirugía del padre de Martin que le costó la vida, por lo cual el médico, acosado por los remordimientos, inició una amistad con el hijo, quien ahora exige el pago que considera justo: ofrendar una vida a cambio de aquella que arrebató. Steven debe elegir a qué miembro de su propia familia debe matar para restablecer el balance de las cosas.
A partir de este momento El sacrificio… va tornándose más oscura y apocalíptica, incursionando hábilmente en los campos del cine fantástico para presentar situaciones en principio inconcebibles, trastocando los límites genéricos sin tapujos, dándole a esta tragedia de ritmo semilento y diálogos precisos, una atmósfera, porqué no decirlo, surreal hasta lo demoníaco.
Martin se convertirá en una fuerza más allá de la comprensión de Steven y su familia. Se ha posesionado amenazadoramente sobre cada uno de ellos provocando la paulatina caída de los hijos como el portador de un mal atávico: la culpa de los propios padres que ahora vomitará sobre ellos, y Lanthimos lo pone en escena de manera contenida, sin aspavientos, pero de una manera dolorosa y desquiciante, tanto como lo puede ser, de facto, la degradación moral y la pérdida de la humanidad. Y, proféticamente, los hijos perderán la movilidad de las piernas arrastrándose como serpientes en el Apocalípsis, traicionando a los suyos abrazados por una pasión ciega y desmoralizante.
El regreso a la barbarie propuesta por Martin se tornará en su contra, pero eso no importa porque también destrozará no sólo a una familia en el presente, sino a partir de ahora y por siempre jamás a toda su estirpe. No hay humanidad que soporte los designios impuestos por la culpa, ni fuerza alguna que los exorcice.
No hay final ni comienzo, sino laberintos que trazan círculos arrastrados por un torbellino. La muerte no es el final del camino, ni el cobro por los pecados cometidos. Es, quizás, el eterno balance.
EL SACRIFICIO DEL CIERVO SAGRADO
(The Killing of a Sacred Deer)
Dirección: Yorgos Lanthimos; Guión: Yorgos Lanthimos y Efthymis Filippou; Producción: Yorgos Lanthimos, Ed Guiney, Will Grenfield, Paula Heffernan, Atilla Salih Yücer; Fotografía: Thimios Bakatakis; Edición: Yorgos Mavropsaridis; Con: Colin Farrell (Steven Murphy), Nicole Kidman (Anna Murphy), Barry Keoghan (Martin), Raffey Cassidy (Kim Murphy), Sunny Suljic (Bob Murphy), Alicia Silverstone (madre de Martín).
Reino Unido-Irlanda-Estados Unidos, 2017 – 121 min.



