«Candyman». Gentrificación y traumas raciales más allá del espejo
Por José Luis Ortega Torres. I. En la historia del cine de género, la transición del terror gótico victoriano al horror contemporáneo suele estar marcada por una traslación espacial: el desplazamiento de las fortalezas feudales y los castillos en ruinas hacia las periferias de la metrópoli moderna. Dentro de esta cartografía del miedo, Candyman (Bernard Rose, 1992), adaptación del relato « The Forbidden» de Clive Barker, se erige no solo como un hito del slasher refinado de finales del siglo XX, sino como un riguroso tratado socioespacial sobre la segregación, el estigma de clase y el racismo sistémico de los Estados Unidos de la republicana era Reagan-Bush. El acierto medular de Rose radica en la resignificación del escenario. Al desplazar la anécdota original de Barker —situada en un deteriorado proyecto de vivienda en Liverpool— al complejo residencial Cabrini-Green en Chicago, la puesta en escena instrumentaliza la arquitectura del brutalis...